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martes, 10 de septiembre de 2013

Extractos sin terminar. Lineas de Leandro.


«... Cuando llega el momento quieres aniquilarla. Sales a algún lado y lo mismo. El día huele igual que ayer e igual que hace una semana. Diferente lugar, sin embargo la misma gente. Las mismas expresiones y hasta las mismas pláticas. Diferentes perspectivas pero iguales sentimientos. Igual aburrimiento.
Luego finges, tontamente, para ver si de esa manera uno mismo se logra engañar... pero no. Claro que no. Uno siempre lo sabe.
    Empeora cuando te das cuenta que lo único que puedes hacer es ir lento. Cuando te das cuenta que esa es tu única posibilidad de variar algo. Como el músico que dobla el tiempo de sus acordes en la monótona sinfonía de su canción mal hecha.

    El reloj marcaba las siete horas con treinta minutos, había llegado la hora de ir a casa, como todos los días. Sin embargo, no lo hice. Tome otro camino.

Luego sonreí. Me habia sentido libre, más no lo era. La ironia siempre es graciosa. Sabia que mañana tendria que regresar al comienzo. Luego, segui sonriendo.»

martes, 23 de julio de 2013

La triste historia del conejo.

Eran casi las diez y se hacía tarde para llegar a la fiesta. Los gatos eran buenos organizando fiestas, aun en la inmudicia de su desorden,. Era raro que un conejo asistiera a las celebraciones felinas, pero a estos últimos no parecía importarles. Siempre había sido amigo de muchos de ellos.
Ese día festejaban algo relacionado al lugar donde vivian, un convivio más bien local. Como sea, cualquier pretexto era bueno para  emborracharse y perder la conciencia una noche de sábado de septiembre. Y a los gatos parecía fascinarles esa idea. Igual al conejo, que alegre se le unía.

Se puso en marcha. Le habían avisado que se juntarían en la choza de un desconocido, esta vez no le tomo importancia. Encontrándose después otros tres amigos unas casas antes, para que lo guiaran.
El lugar parecía familiar, pero a la vez le erizaba el pelaje. No gustaba de estar en ese sitio.

De inmediato llegaron más felinos y comenzaron a beber.  Unos vestían con colores típicos del pueblo. «Que cosa más estúpida» pensó.
Aburrido, se alejo a un lugar solitario para seguir bebiendo. Solo escuchaba las tontas pláticas de los demás, al mismo tiempo que pensaba en lo detestable que era estar en tal lugar con gatos detestables, pues esa noche, hasta los animales que él conocía parecían ser odiosos.

Las horas pasaron. Luego, a lo lejos escucho que alguien había sugerido ir a otro sitio. Al parecer, la localidad tenía varias opciones. Desde fiestas privadas, hasta una que se celebraba en el centro de la ciudad para los menos afortunados que no tenían a un lugar en especial a donde ir.
Después de un rato de discusión decidieron ir a un lugar conocido por muchos, en especial para el conejo. Esa idea le agrado. Agradecido, se puso en marcha con los demás. Hasta entonces había perdido la cuenta de que tanto había tomado, pues parecía ser mucho,  pero no se sentía distinto.

Al llegar, se vio en casa, pues después de todo, lo era para él. Alegre, siguió bebiendo.
La noche se hacía más vieja, tanto que dio a luz a la madrugada. No había notado que habían llegado más gatos a la casa. Y fue entonces que sucedió.
De entre todas las felinas centro su atención en una en particular. Una gatuna con un poderoso resplandor azul, casi cegador.  Era música andante para sus ojos. Belleza espeluznante para sus largas orejas. De inmediato detecto un olor familiar pero no sabía el por qué. Quizá ya la había visto antes. Sin temor; supuso, a causa del alcohol, se acercó.

-Hola
-Hola. -Contesto ella devolviéndole el saludo por cortesía.
-Creó conocerte…
-¿Ah, sí?
-Sí, pero te recuerdo con un pelaje más corto.
-Sí, eso era antes de dejarlo crecer.

El conejo cayó en cuenta. Había visto a aquella hermosa fiereza azul donde solía recoger zanahorias para el invierno. Se creyó torpe al no recordarla con facilidad, pues ese día también había enazulado su mente, más porque su pelaje le recordaba a una musa amarilla a la que solía cantarle hacia mucho, solo que ella era color cielo, color mar y la musa color sol.

-Sí, eres tú. Te había visto por el lago, solía recoger zanahorias cerca de ahí para invierno.
-Wow… no recuerdo haberte visto
-Da igual, yo si te recuerdo muy bien. En especial por tu pelaje, me recordabas a alguien.
-¿Ah, sí?, ¿a quién?
-No importa, aun así se te ve muy bien así como lo tienes - Contestó el conejo haciendo muy obvia su coquetería barata.

La madrugada siguió, al igual que la charla. Noto además en los demás gatos masculinos le envidiaban, pues después de todo, que demonios era lo que hacía un conejo tratando de cortejar a una de ellos. No le importó, ya que prosiguió sin detenerse.
La envidia no era para menos. La luz que emanaba era muy atractiva. Y hacia el llamado de cualquiera.

El conejo de naturaleza curiosa comenzó a analizarla, observo en ella una profunda timidez, la cual escondía con un extroversión falsa muy moderada, cual defensa. Ayudada por el alcohol.
Para entonces había entendido que la fuerza de su luz servía para encantar y deslumbrar a los ingenuos que osaban mirarla solo superficialmente.  El conejo entendió su falso juego.

Más de cerca, vio sus ojos. Eran, incluso, más lindos que ella misma. Pero no solo bellos, lo primero que noto en ellos fue un rojo difuso y más al fondo un temeroso verde. Supo entonces lo triste de eso.
Se sintió contagiado por aquella oculta tristeza, aun mas porque sabía que solo ella y él estaban sintiéndola, los demás solo veían la superficie de aquel acto que se llevaba en las profundidades. Ella no tenía ni idea que el conejo estaba enterado de la falsedad de las cartas que estaba jugando.
Además de todo eso, estaba la aparición de un nuevo color. Uno que nunca había visto, ni sentido. Le recordaba al amarillo. También recordó que los demas le llamaban verde. Solo que este venia en empaque azul, marcado con sellos rojos de advertencia.

El conejo se sintió enfermo.

Incluso llego a pensar si tenía que ver con que estaba ebrio. Pero no era eso. Tenía total conciencia de lo que estaba pasando, algo que no podía hacer cuando se perdia en una borrachera.
¿Qué significaba aquel nuevo color?, ¿Por qué le causaba tal sensación?

Ya era muy tarde y el animalejo azul se despidió. La concentración en torno al verde lo había distraído de algo que no había notado.  La felina había permanecido firme en el hecho de no ceder a las insinuaciones de aquel atrevido conejo. Y, al partir, entendió que no había logrado nada con ella. Esto aun lo confundió más.

Estaba ahí. Más solo que cuando llegó. Ebrio. Enfermo de una enfermedad a la que todos llamaban verde. Y todo por una falsa gata azul, que escondía un verdadero rojo detrás de una cascada de luz.

El conejo enloqueció. El conejo enfermó de mixomatosis. Se volvio Gris.

El conejo murió.

En el epitafio de su tumba se apreciaba:
 «Amarillo y Azul hacen Verde. Cuidado con el Rojo.».


sábado, 15 de junio de 2013

Pretención y otros pecados


No hay mejor lección que la aprendida por alguien que pretende ser escritor al darse cuenta que no lo es. Cuando se hace, suele ser para sanar.. y con "sanar," no atribuyo el éxito a el contexto del intento. Se hace para evitar la autodestrucción o, a veces; para animarla. Para pasar el dictado que entes violetas nos recitan al oído, plasmando así placeres y pesares pintados en un personaje inventado a gusto, para así, olvidarse que son de uno, que son parte de nuestra inconsciencia que pide a gritos ahogados a nuestra consciencia que los lleve a la realidad. Para que luego un receptor descifre el mensaje y entonces, solo entonces, ser de importancia. Proyectarse y trascender. Una ridícula necesidad de atención. Porque eso se busca al escribir; hacer un llamado a el interés de un selecto grupo llamado lectores.

Habrá personas que dirán; «¡Hay 'escritores' que no muestran sus palabras!» y entonces yo contestare con una pregunta «¿Es entonces que hay 'comediantes' que no muestran sus bromas?». Ellos solo están llenando un diario para ellos mismos, un acto sincero sin duda. Sinceridad en un mundo en el que la verdad es temida y limitada por nosotros mismos.
Estos hombres, que no son leídos por que no muestran sus creaciones, no deberían ser llamados escritores. Van mas allá del acto en si, sin tener a fin a los receptores, buscan su propio desahogo y descuidan por completo el resultado por benigno o maligno que sea. No se engañan ni pretenden engañar. Aceptan la verdad en sus dos presentaciones.

Pretender escribir es tratar de suicidarse una y otra vez y nunca, nunca lograrlo. Un vulgar masoquismo. Querer hacer solo azul ignorando el rojo al fingir que no existe, aun y cuando nos escupe a la cara.

No se debe escribir por deber. Tampoco por deseo. Se debe hacer bajo la inconsciencia imaginativa.

Es fácil detectar malos escritos o malos escritores, un ejemplo claro son estas míseras palabras. 

Yo no soy escritor, yo aun pretendo ayudar. Los escritores están locos, a mí aun me queda esta puta cordura.


domingo, 7 de abril de 2013

Es de humanos


Miro a la derecha, ¿qué hay? Una pared. Miro hacia el otro lado, ¿qué hay? Un puñado de bestias a la que llaman ó llamamos humanos, un término auto-asignado.

Puedo decir que odio sus necesidades fisiológicas, odio su mediocridad, odio su egoísmo, odio su tendencia a ser débiles, odio su ignorancia, odio su sentimiento llamado odio, odio que no se puedan comprender… Odio ser uno de ellos.

Esperen un poco. No todo en ellos me da asco. Si todo fuera detestable, sería algo perfecto.. perfectamente detestable. No existe la perfección ni siquiera en ese aspecto de lo humano.
Existen algunas cosas que aprecio. Aunque aun no estoy seguro si puedan ser atribuidas a estos seres. Dichas cosas se engloban y se condecoran con el nombre de «arte».
Música;  el método de escape predilecto de cualquier humano. Literatura; fuente infinita de conocimientos, mundos, infinitos, sentimientos, simplemente dejas de ser tu para convertirte en otro ente, en otro mundo, en otra realidad y en otro espacio.
Por mencionar algunas.

MIERDAS HUMANAS ANDANTES CON ZAPATOS Y PANTALON.

Odio que al odiar esos aspectos me odie a mi mismo por padecerlos. Odio la excusa inventada por ellos usada como comodín. «Es de humanos…». Es de humanos equivocarse. Es de humanos ser mediocre, flojo, irresponsable; si señor todo eso soy y lo odio. «Es de humanos equivocarse» que cosa más vil. Si es precisamente lo que no quiero ser, un humano que se excusa en ser lo que es al momento de equivocarse.
Al momento de escribir esto, me dolieron los dedos. Fragilidad del cuerpo humano. Es tan deleznable.

Fragilidad e ironía
Fragilidad e ironía


«Es de humanos»
«Es de humanos tener momentos de debilidad y escribir acerca de lo débil que se es»
«Es de humanos excusarse por todo»
«Es de humanos odiar a los humanos»
«Es de humanos ser mediocre»
«Es de humanos ser irónico»
«Es de humanos ser vacio»
«Es de humanos renegar de serlo»

jueves, 4 de abril de 2013

El arte de las musas.



La música siempre crea en el ser humano una capacidad de ver desde otro punto cierta situación. Le da una nueva perspectiva.

Llegando incluso a crear la visión de otro color, un claro ejemplo de daltonismo. Obviamente, esto repercute en el ser humano de ambas formas (blancas o negras). Que si bien es cierto; el daltonismo genera en el Ser una sensación falsamente real. Pues de forma paradójica, se siente tan real que en dicho momento tal placebo es lo más honesto que tenemos.

Es tan importante para nosotros que no concebimos la vida sin ella. Nos proporciona pinceladas frescas de colores, reafirmando algunos o bien cambiándolos.

Nos eleva, nos transporta. Es tan poderosa que da miedo.

El Azul sobreponiendose al Rojo con toques Verdes.
Fuente de la imagen

miércoles, 3 de abril de 2013

Rerla Verde



... Y es que aun recuerdo aquel mal viaje. Recuerdo muy bien tu boca. Estando atrapado en una perdida y melancólica mirada verde, con tintes rojos y salpicones de luz pidiendo ayuda. 

Desearía ser esa luz, que termine por iluminar tan bella galaxia ocular. Pero aquel cosmos se aleja de mí. Tal como yo alguna vez lo hice con alguien más. 

«¿Es a esto lo que llaman 'Karma'?» me preguntó. 
Lo irónico del concepto en esa palabra, nace de su injusticia y la total ausencia de un sentido, pues no es más que un círculo vicioso sin una salida a la vista. Ciclos, malditos ciclos, en todos lados los veo... ¿Se pueden romper?

Ya no cargare mas mi pata de conejo... al menos, no por el momento. Pues todo el conjunto de mi equipaje aumenta la entropía de mi ser; aunque no creo que al multiverso le importe. Mi universo está muriendo y tú con él.

Verde, Hoy